23 jun. 2012

Reminiscencia


Dedicado a Amanda

En los 50’ cuando se iba a morir mi amiga Paquita me contó de sus grandes historias. En los días donde mirábamos el techo esperando que se durmiera.
Relató de esos amores que tuvo de una mirada, los soñaba cada noche* en ellos se casó, divorció y se dio cuenta del anillo que la amarraba a un matrimonio burguesito.
Le encantaba dormir (excesivas horas), ver películas, estar sola escuchando su música. Cuando era más joven la castigaban por llegar borracha a su casa, porque hasta una vez llegó Carabineros. Paquita loca, siempre tranquila, pero tan relajada que no avisaba cuando volvía.
 A Paquita nunca le importó qué pensarían de ella, ahora que la miro, se vestía bonita con sus lanas, mas no le quitaba el sueño estar a la moda, tener la talla ideal; me hacía comer un litro de helado con galletas, Paquita antojadiza yo era su carroñera decía, a mí me ha gustado mezclar sabores, Paquita es más tradicional en lo gustativo.
Paquita le gustaba la buena vida, era como una sibarita, en ocasiones viajaba a alguna parte, o en algún proyecto secreto que después nos relataba a Tita y a mí. Es que nunca pensaba si algo debía decirse o no en estas normas de amistad (que no son tan normas), como que me costó años, si bien recuerdo, lograr que me contara de sus sentimientos y amantes.
No le interesaba tanto el acontecer político, ni menos discutir, tuvo su corazón bien puesto, nunca pensó en sistemas egoístas. Lo que sí estará en mi memoria es que con Tita exponíamos ideas en contra de alguien (pelábamos) y Paquita nos decía:
-¿Realmente es tan mala? ¿Qué es ser mala? ¿Quién define eso? Todo es relativo…
Y quedábamos en nada.
Paquita alegre, a veces me contaba que sufría, sólo había algunos días que me decía que tenía problemas como yo. Cuando la vi llorar conmigo por primera vez al teléfono, sentí que mi amiga, era mi hermana.
 Ya Paquita, ahora si se va, dame tu mano arrugadita júntala con la mía que también es una pasita.
- Paquita yo le amo, nunca aprendí a tejer, ni tocar violín como tú, pero te disfrute cada momento y cada uno de tus tiernos abrazos. Gracias Paquita, gracias eternas por soportar conmigo las muertes, las vidas… **




(*)En eso coincidimos Paquita y yo: creamos historias, generalmente de amor meloso, tal vez eróticas (no le pregunto tanto detalle) a través de una mirada, un roce… sólo basta un estímulo para que construyamos en los sueños este mundo que le llamamos MUNDO PARALELO.
(**)¡Qué bueno que todo esto es un sueño!

No hay comentarios:

Publicar un comentario