8 sept. 2012

J’adore



Pertenecía a esa música de piano de cola
Donde bebía sus martinis secos mientras los hombres miraban su soltura para hablar
Y le escribían cartas de admiración
Esas mujeres que mostraban las piernas ante las señoras frígidas escandalizadas.

Aquella mujer se perdió de época
Leía a Mary Wollstonecraft como una vieja amiga
Clasificaba a sus amantes según cómo besaban o por su grado de inteligencia. Muchos, eran tan aburridos que ella apagaba la mente y  los contemplaba. Se reía de ellos, por lo mal dotado que estaban y lo jactancioso que eran
O le daba pena, que la quisieran, pero ella sólo hacía un personaje, de los tantos que sabía.

La diva: jamás decadente
Lleva sus plumas en el siglo XXI
La gente la mira caminar impertérrita
Cómo controlar ese torbellino
                                                    Empoderada y magnífica, Napoleón hubiese querido su fuerza.
Algunos sólo la miran de lejos, se asustan de esta mujer, que no es princesa, sino reina de todo lo que haga, diga y proponga.
Conversa con sus amigas y amigos 20 años mayores que ella
Pero que en el fondo saben que son coetáreos.
Ella se perdió de época. Vaga errante por los muros grises.
Ora, discute, piensa, critica.

Tan atractiva y poderosa, bebe su vino en silencio y pasa otra noche, como todas las noches sola.


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