1 dic. 2012

Inefable I



Hay en el dolor algo sublime, que hace que nuestras cicatrices nos recuerden lo que amamos, algo de lo que se 

transformó pero que nunca perdimos.

Tú no me observas
Me miras de reojo
Me sientes por encima
No creo, la esperanza es sólo una muchacha que vive cerca de mi casa.

Nunca hubo primavera
Nuestra lista quedó en el papel
Esa fiesta se quedó en las carreteras recorridas
El dinero no alcanza para todo lo que queremos.

Encontramos numerosos autos volcados este día de lluvia
¿Me habré subjetivado en banales letras?
Cigarra, me dijeron un Abril
Las hojas cayeron con una vida que vuelve en alguna sonrisa.

No secas mi lluvia con sal
No me recoges del barro
Me tocas, pones los ojos nublados
Sonríes, me abrazas
Y por el día te despides con un beso en la mejilla.

No sabes lo que es ser el canto yaraví encarnado
Tener tumbas en mi cuerpo desarraigado
Vivir por inercia y olvidar los inviernos
Donde se tejen cartas de despedida.

El temor al infierno doctrinado
Y el cielo en una noche,
Las manos que te buscan
Las piernas que te acogen
No ves nada.

Y cada noche me maldigo por creer
Pierdo el oficio, pensando temblorosa.

No hay nombres en la zona muda ni en ninguna zona de este siglo.




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