3 feb. 2013

Sure


Querido mío: me dices que últimamente mis emails están con un tono nostálgico, un poco retro, pero es que presiento que en ese entonces persistir en el amor era más natural, ahora es todo tan plástico y desechable. Prefiero engañarme en una época propia donde se lucha en el amor, en los ideales y en las pasiones.
Estoy aburrida de este neo-pop sureño, la gente adapta las modas que tú ves allá pero a versiones de identidades perdidas, entre la tierra y el desarraigo, como queriendo verse modernos, pero el “sipo” se nos cae con naturalidad. Tengo tantas ganas de irme a vivir a la capital contigo, aunque deteste el smog y el metro volador, pienso en todas las cosas que hay allá, (tú por ejemplo) y sólo quiero tomar un bus, pero debo ser paciente lo sé.
Me pregunto cómo te habrá ido en tu concierto, no tuve señal en Llifén, por eso no te pude llamar, el lago está hermoso, tu sabes que aquí en Valdivia el tiempo está detenido y aún hay lugares de naturaleza indómita que la industria no ha visto. Te extraño tanto… de tu piel, esas siete estrellas que viajan en tu espalda, con excusas de ser lunares, les mando un beso astronauta a cada una de ellas.
Oye gringuito lindo, tengo ganas de bañarme en esos ojos de nuevo y escucharte susurrar esa ventolera de palabras de puro placer. Me dijeron antes que era muy fría, ahora me siento desarmada ante ti, como si no tuviese nada con que defenderme, pero no tengo miedo: yo no sirvo para querer a medias. Te pregunto de nuevo si nuestros mundos serán compatibles, tus largos silencios me tienen muy mal.
 Espero que me respondas este email, tú no usas nada más que este medio, quizás una de las cosas que me enamoró de ti, -lo confieso-, fue tu desinterés por los avances tecnológicos. Si me das tu nueva dirección de casa o pensión, hombrecito nómade, te puedo enviar unos libros que sé que te gustarán, prensaré Amancay; flores silvestres que recogí para ti camino a Llifén y las pondré en poemas que nos gusten.
Ay amor, me duele el corazón, como si me lo apretaran con uñitas, por no saber de ti. Tal vez ni me ames como me lo dijiste la última noche, a veces despierto con tu olor impregnado y desearía que me abrazaras bien fuerte. Hoy mi abuela me hizo sacar esos pancitos de vida que te daban risa y decía que el amor todo lo sufre, todo lo espera y todo lo soporta… más te vale, yo seré pagana pero cumpliré esa palabra. Me siento infantil, a veces se me olvida que ya somos abuelos que juegan a ser niños de nuevo. Tal vez me tiña mis canas moradas, como cuando fui punk ¿qué opinas de ese arranque de locura?
Aunque a veces dudes por tenerme lejos y veas todas esas santiaguinas de revista, no te olvides que no encontrarás otra como yo, siempre seré ese hogar que tu ambiente cuico no tuvo, ellos no saben cómo acogerte. Te escribo cartas que nunca leerás, pero esta te la enviaré pese a que me arrepienta, el vino me da valentía.

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