7 sept. 2013

El toro, la santa & el taxiboy

Ya casi no escribo
ya casi ni los veo
tengo el miedo de ya no volver a ser los mismos de siempre,
los que creíamos que nuestras enfermedades mentales nos llevarían a que nos declaren interdictos
y hacer la cimarra como cuando pequeños, pero con un salud y toque de vasos.

O tal vez huir en la noche de estas pesadillas
en un hospital, en cama ajena, en manicomio u otra ciudad.

Olor a piel,
a jeringa
y a resaca.

Este boxeador
saca la lágrima en el round oculto de su almohada,
saca el puño en defensa de Marx,
es el invierno en tormenta y estruendo.

Aquí hay otro que le causan extrañeza los abrazos,
los viajes dejan las costras atrás.
Nadie dijo que ser doliente era fácil,
pero qué injusto,
tampoco te dejaron escoger.
Mientras tu mente divaga
se concentran libros y voces que oyes.
Astuto y despierto
te amo de lejos.

Me gusta jugar con la verdad  y la mentira
con la noche que todo oculta
y cuando su lengua da vueltas
yo también entro en calma.
Por la mañana mirar,
mirar por la ventana un paisaje ajeno,
mirar el cuerpo del delito,
mirarme a mi misma y no encontrarme.

Yo soy el niño tímido
la zorra encantada
la puta arrepentida
la santa hereje
la falsa dicotomía
el diccionario mal aprendido
y me extraño
me extraño tanto.

Las vidas que me esperan y que se van
Las reanimaciones
Las lentas pulsaciones
Los ojos que cierro
el cadáver que visto.

Yo soy la extremaunción de los enfermos
el sacramento mal hecho.

La poesía no nos salvó (mentira universal)
pero donde estén yo estaré,
sin claridad alguna,
pero juntos
siempre juntos.

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