9 dic. 2013

Architeuthis

Hay hombres
con sólo verlos
pulverizarlos
ipso facto
conocer la técnica ritual
de adorarme
alabar el cuerpo del deseo.

Pasan,
como el gentío que celebra
pero con la que no lloras.
Pasan,
como la inercia de los cuerpos
que se frotan en animalidad,
saciados,
se visten y continúan en paralelo.

Hay un cuerpo imposible de separar de la mente
rodeado de monstruos
y maldiciones de otros siglos.

La lengua de reptil se arrastra sigilosa
en el sexo a oscuras de la noche.
Mientras habla de astronomía nervioso
prefiriendo mirar las estrellas
a mis pozos negros enormes de consulta
de eternas preguntas.

Tiene el silencio lleno de palabras imaginarias
el misterio en sus manos
el amor cauteloso

Desaparece, pero observa fantasmal
duda de la palabrería
no intuye,
frío y certero
ama con la exactitud
que podría diagramar
o convertir en fórmula.

Sorprendido escucha
y abre los ojos buscando el delirio
dándole forma
para traerme a tierra.


Le habla a mi subconsciente
en la maldad de no decirlo todo en mi estado de vigilia.
Busca retenerme en la ansiedad
de no aprehenderlo por completo.


La rutina de los días será un imposible
hay una bacante,
una escritora del siglo XIX,
una bruja quemada,
que recibe tu mundo
lo funde con el suyo,
te adora en los fluidos
te detesta
te ama
te vuelve a detestar
y te ama más.

Hay una inmensidad de no resolverlo.




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