12 jun. 2015

La discordia

Y si te pido los consejos
es porque veo en ti la sabiduría de un anciano,
las dudas de un joven
y las ansias de una vida sin tantas reencarnaciones.

Porque aunque me hagan daño tus revueltas e inseguridades
mi amor por ti será eterno.
Podrán pasar los años
y tal vez lo nuestro nunca vuelva a ser como cuando fuimos uno,
pero te he vuelto a escribir.

Y si te lloro tanto, me importas,
busco tu aprobación.
Ese ser masculino perdido dentro de mí
tú lo refuerzas
entre tanta femineidad.
Necesito los dos mundos.

Lo cierto es que cierro ciclos,
nunca serás parte de esos cierres,
de los muchos que habrán,
espero que estés constante en mi vida.
Una presencia permanente.
Una mirada inquietante analizando los momentos
más difíciles.
Esa espero será imposible,
Pues prevengo el detrimento,
                                    mutuo.

Te quiero ver fuerte amado,
feliz,
libera todas las penas de las vida,
las fluctuaciones.
Deja de trepidar y cavilar.
Sólo pon en una mente blanca,
                         la pizarra de
                                    atribulaciones y miedos.

Estas perdiendo el tiempo de las risas
que están encapsuladas en tu cuerpo y causan dolencias.
No hay dolor físico
sin el espiritual carcomiendo.

No toda la gente es dañina como me las muestras,
aquí estoy en mis debilidades
a carne viva
enseñándote a que pases por los puentes rotos:
te los arreglé cariño, para que transites con más liviandad.


Acepta mi regalo.

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