26 sept. 2016

Jumperproleta 1

Se levanta como todas las mañanas.
Corriendo la alarma de a cinco minutos.
En su lugar imaginario, cálido, mientras teclea absorta en ese mundo con los dedos trizados de frío, la interrumpe el café y su propia risa autómata. Le escribe a un par de chicos, cuál cae.
Pasa por los cementerios, saluda en silencio a los abuelos. Cuando va a la escuela, piensa los días que faltan para vacaciones, y cuando vuelve de vacaciones comienza la misma cuenta regresiva.
Se despertó descubierta en cucaracha: se dice al espejo Gregorio Samsa, se dice Mudita, se dice Niña Proletaria. Se pega a sí misma al espejo, una puta estafa piensa esta hueá. La casa está extraña, todo sucio, la wawa llora – venga pa’ acá mi niñito. La mamá sale hecha furia, con un viejo nuevo seguro.
Niña-mujer, asiste a la fiesta, prefiere evadirla en drogas, mira concentrada los ritos de apareamiento, ahí no hay sexos, sólo cuerpos, que se mueven torneando sus plumas, tiran y encogen el deseo, a veces se le achican como la ropa cuando se pone en la lavadora, o si tienen suerte, es de rojo que tiñe hasta la prenda más blanca.
En fin, ese rito, no pertenece, no juega bien, es bien torpe, por lo que prefiere estar ahí mirando mientras baila, sutilmente, le prestan un vaso, va por otro, va al baño, se siente mal. Los paraguas estaban mezclados con doko, o mierda de perro, que se yo.
Eres tan fea cabra, piensa -por qué re chucha no cerró las piernas esa vez, ahora tiene la guata con estrías, ni bikini puede usar.
Pendejo no deja de chillar, la gente chilla en la micro, chillan como en fiesta, que no dura, el sábado ya es gris de nuevo, Mira pa´juera, llueve, llueve que se le mojan los calzones, llueve que no dura ni el alisao´, llueve que no pasa el cuarto medio.

Planifica ser el nuevo número suicida en el país de los suicidas.