23 ago. 2017

Taijitu

Derrite el sol en
                                   mí,
cobija el dintel en el terremoto del
                                                       yin.
Las brasas bajo el techo,
escudo de lágrimas, la sal del océano.

Ni esperanza,
ni miedo.
Ni éxito,
ni fracaso.

La cuenca vacía de los ojos,
                           (nos podrimos por los mismos gusanos).
Nos volvemos peces, el mar se convierte en concreto que destruye el pasado.
Mirada perdida esperando la primavera.
En la urna de mis abuelos, el beso en la mejilla de mi amado traicionero.
La luna me grita las palabras escondidas en su menguante.

En esta Tierra ansiosa no debo ser,
mientras camino por el hilo de la vida y la muerte.
Aquellos funestos recuerdos y predicciones,
los hago volar con el poder de la determinación.


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